February 26, 2016

Alégrense en el Señor

Practicar la misericordia durante la Cuaresma

Archbishop Joseph W. Tobin

En la Cuaresma de este Año Santo de la Misericordia proclamado por el Papa Francisco, estamos haciendo un esfuerzo especial para comprender por qué la misericordia (el perdón amoroso) es una característica tan importante de nuestra forma de vida cristiana.

La misericordia no es una abstracción. Es una disposición de la mente y el corazón que se manifiesta en mayor plenitud a través de la acción. Cuando perdono a alguien que me ha hecho daño debo demostrarlo en la forma en que trato a esa persona. Cuando me despojo de viejos agravios, tengo que hacer algunas modificaciones. Eso significa subsanar esas relaciones mediante acciones específicas que yo debo realizar en nombre de cada persona que me ha hecho daño en el pasado.

Demostrar la misericordia no es fácil ya que el ego se interpone. Tenemos una clara preferencia por la venganza: “quedar tablas” o hacer que la otra persona pague por el daño que nos ha causado.

Algunas culturas (como el crimen organizado, por ejemplo) transforman al acto de la venganza estricta en un compromiso solemne. Esa es una de las razones por las que el papa Francisco se ha pronunciado tan enérgicamente en contra de los subculturas de Italia, así como de todo el mundo, que buscan constantemente la venganza. El santo padre sabe que la venganza únicamente conlleva al odio, a la violencia y a un círculo vicioso sin fin con consecuencias nefastas. La misericordia es lo opuesto de la venganza; es el único camino para la paz duradera.

Durante la temporada de la Cuaresma se nos presentan muchas oportunidades concretas para practicar la misericordia y aprender a perdonarnos a nosotros mismos, así como también a aquellos que nos han ofendido. Los tres ejercicios clásicos de la Cuaresma—oración, ayuno y limosna—pueden ser formas para practicar la misericordia en nuestra vida cotidiana.

En el Padrenuestro le imploramos a Dios nuestro Padre que perdone “nuestras ofensas así como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.” El perdón de Dios no está en entredicho; en cambio, debemos orar por nuestra propia capacidad para perdonar (tanto a nosotros mismos como a los demás). Solamente la gracia de Dios puede abrir nuestros corazones tercos, maltratados y faltos de perdón. Es por ello que rezamos para que el Padre nos ayude a procurar y aceptar Su perdón y que al mismo tiempo nos conceda la gracia de perdonar a los demás.

Una de las formas más poderosas para subsanar viejos agravios—ya sea que los hayamos cometido nosotros u otros nos hayan agraviado—es orar por las personas que nos han faltado o a quienes nosotros les hemos faltado. A veces no se puede pedir el perdón de alguien a quien herimos hace mucho tiempo (un padre o una madre fallecida, un antiguo patrono, una vieja amistad o amante).

Pero aunque nos resulte imposible ver a esa persona a los ojos y decirle “te perdono” o “perdón,” siempre podemos rezar por ellos. Si le pedimos a Dios que extienda sobre ellos el amor y la misericordia que no podemos expresarles directamente, por el motivo que sea, podemos tener la plena confianza de que nuestro Padre misericordioso lo hará. Y, en el proceso, Dios también perdonará cualquiera que haya sido nuestra culpa en la relación que ahora intentamos subsanar.

Jesús nos ordenó que rezáramos por nuestros enemigos, incluso por aquellos que nos persiguen, porque sabía que la oración es la voz de la misericordia. La oración perfecciona nuestra relación con Dios y con los demás. Durante la Cuaresma practicamos rezar para pedir perdón al repetir las palabras de Jesús: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23:34), y tal como rezamos a menudo, “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador.”

El ayuno también es una forma de expresar la misericordia. ¡Cuántos de nosotros pecamos por indulgencia excesiva, aun sabiendo que muchos de nuestros hermanos y hermanas tienen menos de lo necesario! El ayuno nos recuerda que no solo vivimos del pan. Nos desafía a vivir moderadamente y ser al mismo tiempo generosos con los demás.

¿Qué clase de acto de misericordia es este? Pedimos perdón a Dios por las formas en las que hemos maltratado Sus dones materiales y espirituales. Y nos comprometemos a prestar mucha más atención a las necesidades de los demás, especialmente de los pobres, los abandonados y las personas que habitan en los márgenes de la sociedad y se consideran indeseables, pero que son en verdad nuestros hermanos en Cristo.

La “limosna” es mucho más que dar dinero a los pobres (si bien esto es muy importante). Se trata de una expresión de solidaridad y cercanía para con aquellos a quienes les hemos faltado por el pecado de la indiferencia. Es buscar su perdón, no solamente a través de nuestras palabras sino de las acciones que emprendemos en su nombre.

A través de la oración, el ayuno y la limosna le imploramos al Padre que perdone nuestros pecados así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden. Aprovechemos esta fantástica oportunidad en esta Cuaresma. Practiquemos la misericordia a medida que nos preparamos para el acto de misericordia suprema: la resurrección de nuestro Señor crucificado. †
 

Traducido por: Daniela Guanipa

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