July 31, 2020

El rostro de la misericordia / Daniel Conway

La oración es la respuesta cristiana apropiada ante el mal

Durante su homilía del 29 de junio en la Solemnidad de los santos Pedro y Pablo, los pilares gemelos cuya fidelidad a Cristo todavía sostiene a la Iglesia 2,000 años después de su martirio, el papa Francisco contradijo a aquellos que sostienen que “la oración no es suficiente” en tiempos de crisis.

De hecho, el Santo Padre expresa que cuando ocurren cosas negativas, la oración debe ser la primera respuesta del cristiano y la más constante. “Si pasáramos más tiempo en la oración y menos tiempo quejándonos—dijo el Papa—se abrirían muchas puertas y se romperían muchas cadenas que atan.”

Por supuesto, la intención del Santo Padre no es sugerir que seamos pasivos o indiferentes ante el mal. Estamos llamados a ser un pueblo profético que dice la verdad con amor. “Hoy necesitamos una profecía, una verdadera profecía,” dice el papa Francisco. Según su interpretación del don de la profecía, esta no consiste en despliegues espectaculares, sino en dar testimonio del amor de Dios en nuestra propia vida. “La profecía nace siempre que nos dejamos desafiar por Dios.”

El Papa nos ha advertido frecuentemente que tengamos cuidado con lo que él llama “el pecado de la indiferencia,” el mismo que cometen el sacerdote y el levita en la parábola de Jesús del Buen Samaritano, al mostrarse indiferentes ante la situación del hombre golpeado por los ladrones y simplemente continuaron su camino sin detenerse a ayudarlo. El samaritano, un extranjero despreciado, demostró ser un hombre con compasión, un buen vecino. Era un hombre de acción que se esforzaba por ayudar a quien lo necesitaba.

El papa Francisco comenta que la respuesta compasiva del Buen Samaritano se debió a que este no era un narcisista (alguien que solamente se preocupa por sí mismo), sino que preocupaba por los demás, incluso por los extraños. Tampoco era una persona pesimista o quejumbrosa (alguien que se pasa el tiempo lamentándose de cómo están las cosas hoy en día sin mover un dedo para alterar el status quo). “Es inútil, e incluso aburrido, que los cristianos pierdan el tiempo quejándose del mundo, de la sociedad, de lo que está mal. Las quejas no cambian nada,” dice el Papa.

“El narcisismo te lleva al espejo, para que te mires continuamente,” dice el Santo Padre. “Desánimo, quejas, pesimismo, en la oscuridad. Estas tres actitudes cierran la puerta al Espíritu Santo.” Para abrir la puerta y dejar que el Espíritu de Dios actúe en nuestra vida personal y en nuestro mundo, debemos ser personas de oración que den testimonio del amor misericordioso de Cristo tanto en nuestras palabras como en nuestras acciones.

Según el papa Francisco, en el momento del arresto de Pedro, durante una intensa persecución de los primeros cristianos, “Herodes estaba furioso, la persecución era violenta, el apóstol Santiago había sido asesinado. Y ahora habían arrestado también a Pedro. La comunidad parecía estar acéfala y todos temían por sus vidas. Pero en este trágico momento nadie escapa, nadie piensa en salvar su pellejo, nadie abandona a los demás, sino que todos rezan juntos. De la oración sacaron el valor, de la oración viene una unidad más fuerte que cualquier amenaza.

“La unidad se activa con la oración, porque esta permite que el Espíritu Santo intervenga,” afirmó el Papa. “En esas dramáticas situaciones, nadie se quejaba del mal, de las persecuciones, de Herodes. Nadie insultaba a Herodes y estamos muy acostumbrados a insultar a los responsables.”

Esos cristianos no culparon, sino que rezaron, aseguró. “¿Qué pasaría si rezáramos más, murmuráramos menos y atenuáramos las palabras? Lo que le pasó a Pedro en la cárcel: como entonces, se abrirían muchas puertas que se separan, caerían muchas cadenas que paralizan. Y estaríamos verdaderamente sorprendidos.”

El papa Francisco señaló que san Pablo exhortó a los cristianos a rezar por todos y en primer lugar por los que gobiernan. Expresó: “Recemos por los gobernantes; Oremos: necesitan la oración. Es una tarea que el Señor nos confía. ¿Rezamos? ¿O hablamos, insultamos y nada más? Dios espera que cuando recemos, también recordemos a los que no piensan como nosotros, a los que nos han cerrado la puerta, a los que luchan por perdonar. Solo la oración deshace las cadenas, como en el caso de Pedro; únicamente la oración allana el camino a la unidad.”

Seamos un pueblo de oración cuya acción brote de corazones atentos y un profundo deseo de dejar que el Espíritu Santo intervenga y nos unifique en Cristo.
 

(Daniel Conway es integrante del comité editorial de The Criterion.)

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