Avancemos con alegría y esperanza como discípulos misioneros
Carta pastoral del Reverendísimo Charles C. Thompson, Arzobispo de Indianápolis
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
En su primera exhortación apostólica, Dilexi Te («Te he amado»), el papa León XIV reflexiona sobre la importancia del amor para la misión de la Iglesia:
El amor cristiano supera cualquier barrera, acerca a los lejanos, reúne a los extraños, familiariza a los enemigos, atraviesa abismos humanamente insuperables, penetra en los rincones más ocultos de la sociedad. Por su naturaleza, el amor cristiano es profético, hace milagros, no tiene límites: es para lo imposible. El amor es ante todo un modo de concebir la vida, un modo de vivirla. Pues bien, una Iglesia que no pone límites al amor, que no conoce enemigos a los que combatir, sino sólo hombres y mujeres a los que amar, es la Iglesia que el mundo necesita hoy. (Dilexi Te, n.o 120).
Al concluir el Año Jubilar de la Esperanza 2025 y, al mismo tiempo, inaugurar un nuevo plan pastoral para la Arquidiócesis de Indianápolis, nos tomamos estas palabras muy a pecho. Nos esforzamos por ser hombres y mujeres que aman tanto a Dios y al prójimo que, por la gracia de Dios, lo que parece imposible realmente sucede. Y rezamos para que el Espíritu Santo nos guíe y nos acompañe mientras renovamos nuestro compromiso de servir como discípulos misioneros de Jesucristo que «avanzan con alegría y esperanza» para proclamar la Buena Nueva de nuestra salvación en Él.
Una visión nacida del espíritu sinodal
Como Arzobispo de Indianápolis, es mi responsabilidad dirigir esta Arquidiócesis en la evaluación de las necesidades de la Iglesia en el centro y el sur de Indiana y la planificación para el futuro. Fieles al espíritu de sinodalidad, una planificación exitosa requiere una amplia consulta y trabajo en equipo. Esto implica un profundo sentido de apertura a la guía del Espíritu Santo, como se manifiesta, tanto a través de la rica historia de la Iglesia en esta región, como en las circunstancias actuales. En definitiva, una planificación pastoral sólida exige que estemos dispuestos a confiar en que, aunque no podemos predecir el futuro, la Divina Providencia nos mostrará el camino para llevar a cabo la voluntad de Dios para nosotros en los años venideros.
Desde hace muchos años, la planificación pastoral ha sido una dimensión importante de la vida de nuestras parroquias, escuelas y ministerios arquidiocesanos. Somos muy conscientes de que, como católicos bautizados e hijos de Dios, somos líderes corresponsables llamados a la santidad y a seguir a Jesucristo como discípulos misioneros y peregrinos de esperanza. Aceptamos esta invitación imperecedera a proclamar el Evangelio con alegría y a servir a todas nuestras hermanas y hermanos en nombre de Jesús en nuestra condición de testigos corresponsables. Como un solo Cuerpo de Cristo, discernimos en oración la voluntad de Dios para la Iglesia en el centro y sur de Indiana al escuchar con atención la Palabra de Dios, celebrar piadosamente los sacramentos, atender las necesidades espirituales y temporales del prójimo y dialogar de forma respetuosa entre nosotros y con todos los miembros de la familia de Dios. Tenemos la esperanza de un futuro arraigado en el Evangelio y la tradición, que responda fielmente a las circunstancias cambiantes de nuestro tiempo.
Una directriz para avanzar como discípulos misioneros
Creemos que el Señor favorecerá nuestros esfuerzos por manifestar Su reino conforme compartimos la alegría de Cristo, y vivimos en el espíritu de auténtica santidad. Tenemos confianza en el futuro, sabiendo que Jesús nos ofrece a nosotros, sus fieles discípulos, el don lleno de gracia de la esperanza inquebrantable.
Esta confianza es lo que nos impulsa a «avanzar» hacia los márgenes como discípulos misioneros, acompañando a todos los que necesitan la misericordia sanadora y el amor salvador de Dios. Somos una comunidad eucarística, un pueblo reunido por Cristo, formado en la fe por la Palabra de Dios, unido en comunión con Cristo y entre sí, y luego enviado en misión para predicar, sanar, profetizar y consolar al pueblo de Dios aquí, en nuestras diversas regiones del centro y sur de Indiana y más allá.
La responsabilidad pastoral de desarrollar parroquias dinámicas
Como Iglesia local, la Arquidiócesis de Indianápolis participa en muchos ministerios y ofrece diversos programas y servicios diseñados para satisfacer las necesidades espirituales, educativas, sociales y temporales del pueblo de Dios. Los ministerios más destacados y de mayor alcance son los que ofrecen nuestras 126 parroquias ubicadas en 38 condados del centro y sur de Indiana. Por eso, el objetivo principal de nuestro nuevo plan pastoral es desarrollar parroquias dinámicas en las que puedan surgir discípulos misioneros, formados a través de un encuentro personal con Jesucristo y enviados a proclamar el Evangelio y atender las necesidades de todo el pueblo de Dios a través de la palabra, los sacramentos y el servicio.
¿Qué es una parroquia dinámica? Hay diferentes maneras de responder a esta pregunta. El documento publicado por el Vaticano en 2020 y titulado «La conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia a cargo de la Congregación para el Clero» responde a esta pregunta fundamentándose en las palabras de tres papas recientes:
San Juan Pablo II precisaba: «La parroquia ha de ser perfeccionada e integrada en muchas otras formas, pero ella sigue siendo todavía un organismo indispensable de primaria importancia en las estructuras visibles de la Iglesia», para «hacer de la evangelización el pivote de toda la acción pastoral, cual exigencia prioritaria, preminente y privilegiada». Luego, Benedicto XVI enseñaba que «la parroquia es un faro que irradia la luz de la fe y así responde a los deseos más profundos y verdaderos del corazón del hombre, dando significado y esperanza a la vida de las personas y de las familias». Finalmente, el Papa Francisco recuerda que «a través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización» (n.o 12).
La evangelización —compartir nuestra fe en la persona de Jesucristo— es la clave para que las parroquias sean dinámicas y, de hecho, para la vitalidad de la Iglesia, tal y como se vive concretamente, día tras día, en nuestros 38 condados del centro y sur de Indiana. Si verdaderamente somos «evangelizadores llenos del Espíritu», término preferido por el papa Francisco especialmente en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio), nuestras parroquias, escuelas y ministerios arquidiocesanos, estarán «vivos en Cristo», serán centros dinámicos de culto, formación en la fe, atención pastoral, ayuda a los pobres y vulnerables, y gestión corresponsable de todos los dones de Dios.
El comité de planificación pastoral designado para dirigir el proceso sinodal de oración, escucha atenta y liderazgo corresponsable que se ha llevado a cabo durante los últimos dos años prestó especial atención a la importancia de la evangelización para la vitalidad actual y la salud espiritual futura de nuestra Arquidiócesis. El comité leyó y analizó documentos importantes de la Iglesia, entre ellos Evangelii Gaudium. Escucharon con atención a los católicos de diversas regiones de nuestra Arquidiócesis que se congregaron para compartir sus experiencias y esperanzas para el futuro, y permitieron que el Espíritu Santo los guiara para dar forma y dirección a nuestro nuevo plan pastoral.
Las respuestas concretas que nuestro proceso de planificación ha dado a las preguntas sobre la vitalidad y la importancia de la evangelización se encuentran en los cinco «dominios» que guían nuestros esfuerzos para llevar a cabo la misión de esta Iglesia local. Reconocemos los siguientes elementos como fundamentales en la composición de parroquias, escuelas y ministerios arquidiocesanos que están vivos en Cristo:
Dominio 1:
Vida parroquial y culto
Encuentro con la persona de Jesucristo.
Lo hacemos por medio de la oración y la meditación de la Palabra de Dios, en la celebración de los sacramentos (especialmente la Eucaristía y el sacramento de la reconciliación), al atender las necesidades de todo el pueblo de Dios y al dar testimonio de Jesús en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana.
Dominio 2:
Catequesis evangelizadora
Enseñar como Jesús.
Lo hacemos al preparar discípulos misioneros que «avancen» con alegría y esperanza a dar a conocer a Jesús a los demás. La formación continua en la fe generalmente comienza en el hogar, pero es necesario hacer un énfasis adicional en la instrucción de los adultos. Reconocemos que un encuentro personal con Jesús ayuda a profundizar la experiencia y la eficacia de la catequesis.
Dominio 3:
Corresponsabilidad
Fomentar una cultura de corresponsabilidad alegre e intencionada.
La raíz de una cultura así es la gratitud, donde cada acto de generosidad refleja la alegría del Evangelio y honra a Cristo en los pobres, los vulnerables y los olvidados, en el reconocimiento de que al servir a los más necesitados, servimos al mismo Jesús.
Dominio 4:
Vocaciones
Responder al llamado universal a la santidad.
Entre ellas se encuentran los llamados específicos a la ordenación, la vida consagrada, el matrimonio y el liderazgo laico. En nombre de Jesús buscamos atender las necesidades espirituales y temporales de todos los que ejercen el liderazgo pastoral en nuestra Arquidiócesis, especialmente nuestro clero y los líderes parroquiales. Nos comprometemos a brindar apoyo pastoral a las parejas casadas y a las familias a través de nuestros ministerios parroquiales y arquidiocesanos, sin descuidar a aquellos que responden al llamado de Dios como personas solteras.
Dominio 5:
Alcance comunitario y ministerio
Implementar la doctrina social católica.
Reafirmamos las enseñanzas de la Iglesia en cuanto a la dignidad fundamental de cada persona, al atender las necesidades de todas nuestras hermanas y hermanos como miembros diversos pero unificados del Cuerpo Místico de Cristo. Afirmamos la enseñanza de nuestra Iglesia de que la familia es la unidad social fundamental.
No hay dos parroquias que lleven a cabo las actividades descritas en estas cinco áreas de manera exactamente igual, pero para ser consideradas «vibrantes», todas las parroquias —sin importar su tamaño, ubicación geográfica, contexto étnico, económico o cultural— deben reflejar lo que la instrucción del Vaticano mencionada anteriormente denomina «un dinamismo espiritual propio de la evangelización». De lo contrario, independientemente de sus circunstancias, la parroquia «corre el riesgo de hacerse autorreferencial y de esclerotizarse, proponiendo experiencias desprovistas de sabor evangélico y de impulso misionero, tal vez destinadas solo a pequeños grupos» (n.o 17).
Hemos elaborado el nuevo plan pastoral en torno a estos cinco dominios porque, en base a la amplia consulta y al discernimiento en oración que hemos llevado a cabo, creemos que nuestra Arquidiócesis, y cada una de nuestras parroquias, deben reflejar estas características esenciales de manera significativa para poder ser consideradas «dinámicas». Teniendo esto en cuenta, se espera que todas las parroquias y todos los ministerios de nuestra Arquidiócesis participen en la fase de implementación de lo planificado y evalúen sus fortalezas y debilidades en cada uno de los cinco dominios.
Estoy profundamente agradecido a los miembros del comité de planificación, pero también a las casi 1,000 personas que participaron en las reuniones de los subcomités, asistieron a las sesiones de escucha, respondieron la encuesta en línea y aportaron sus comentarios y consejos. Juntos oramos, reflexionamos y nos esforzamos por discernir la voluntad de Dios para nuestra Arquidiócesis. El resultado es un plan diseñado para marcar el rumbo de todos los ministerios de esta Iglesia local durante los próximos cinco años (2026-2031).
Dominios 1 al 5: Un marco para la planificación pastoral
Los cinco dominios proporcionan un marco de trabajo para los planes de acción diseñados con el objetivo de ayudarnos a llevar a cabo la misión de la Iglesia aquí y ahora. Cada uno de los dominios incluye una serie de metas con sus correspondientes objetivos. Durante la fase de implementación de este proceso, que comenzará en enero de 2026, se asignarán acciones y medidas de rendición de cuentas específicas para cada uno de los objetivos del plan.
Encuentro con la persona de Jesucristo.
Dominio 1 | Vida parroquial y culto
Las metas y objetivos de nuestro primer dominio tienen como fin fortalecer el encuentro personal con nuestro Señor Jesucristo, que es el centro de la oración y el culto cristiano. Nuestras comunidades parroquiales son lugares en los que la relación entre el culto, la adoración eucarística y la experiencia viva de la fe a través del servicio deben manifestarse plenamente en Cristo. Las comunidades parroquiales fuertes facilitan la sanación, la reconciliación y la caridad con el fin de reparar las divisiones que existen entre nosotros y fortalecer nuestra unidad como discípulos misioneros de Jesucristo.
Enseñar como Jesús.
Dominio 2 | Catequesis evangelizadora
Nuestro segundo dominio destaca el papel fundamental que desempeñan la evangelización y la catequesis en el ministerio eclesiástico, especialmente a nivel parroquial. No enseñamos en el vacío; por el contrario, buscamos primero presentar a la persona de Jesucristo a nuestras hermanas y hermanos y abrazar nuestra identidad como sus discípulos misioneros mediante una comprensión más plena de su llamado, una conciencia más profunda de su presencia entre nosotros y un testimonio firme de nuestra fe en él. Como resultado de nuestros encuentros con Jesús en la Palabra, los sacramentos y el servicio, buscamos cumplir la Gran Comisión del Señor de «ir por todo el mundo y bautizar a todas las naciones» en el nombre de la Santísima Trinidad (cf. Mt 28,19).
Fomentar una cultura de corresponsabilidad alegre e intencionada.
Dominio 3 | Corresponsabilidad
La corresponsabilidad alegre e intencionada, basada en la gratitud y en una relación personal con Jesucristo, como fundamento del discipulado, es el tema central del tercer dominio de nuestro plan pastoral. Siempre con la intención de forjar y renovar discípulos misioneros, deseamos comprender mejor los dones espirituales y materiales presentes en nuestras parroquias y ministerios arquidiocesanos. Queremos que nuestros servicios administrativos y pastorales reflejen las «mejores prácticas» para lograr la unidad y desarrollar los recursos parroquiales y arquidiocesanos necesarios para atender las necesidades del prójimo, especialmente de los más desfavorecidos. Creemos que la gestión responsable de todos nuestros recursos no es una dimensión opcional o secundaria de la vida cristiana, sino que es esencial para conocernos a nosotros mismos como discípulos misioneros.
(cf. Laudato Si’ Sobre el cuidado de la casa común).
Responder al llamado universal a la santidad.
Dominio 4 | Vocaciones
El llamado universal a la santidad sustenta nuestro cuarto dominio sobre la comprensión de la importancia de la vocación, el llamado particular que toda persona bautizada recibe para usar sus dones, talentos y capacidades únicos para servir al Señor y llevar a cabo Su obra en el mundo. Dado que hoy en día existen muchas distracciones que nos impiden escuchar la voz de Dios y discernir su voluntad para nosotros, queremos crear estrategias y recursos de formación en el discernimiento para que los jóvenes aprendan a escuchar y estar atentos a las acciones del Espíritu Santo que los lleven a responder al llamado universal a la santidad, ya sea mediante el matrimonio, la vida en soltería, la ordenación, la vida consagrada o el ministerio laico profesional.
Del mismo modo, deseamos asegurarnos de que el clero y otros ministros parroquiales reciban el apoyo y la ayuda que merecen para atender continuamente sus necesidades espirituales y temporales.
Implementar la doctrina social católica.
Dominio 5 | Alcance comunitario y ministerio
La Iglesia católica tiene la bendición de contar con un profundo conocimiento de la antropología cristiana, que afirma la dignidad fundamental de cada persona. La doctrina social católica proporciona directrices concretas para responder a las necesidades de todas las personas, especialmente de los pobres, los vulnerables y los oprimidos de cualquier forma. El quinto y último dominio de nuestro plan pastoral busca aumentar el número de católicos en el centro y el sur de Indiana que puedan participar activamente en el ministerio social de la Iglesia. En este sentido, queremos desarrollar una red de personas y recursos que conecte a las parroquias y decanatos. Asimismo, buscamos concientizar y promover la comprensión del llamado de Dios a construir Su reino a través de los principios y prácticas descritos en la doctrina social católica. Uno de nuestros objetivos más importantes es crear una cultura de bienvenida y pertenencia para personas de todas las edades, orígenes y capacidades, mediante el establecimiento de ministerios de bienvenida en cada parroquia y en el Centro Católico Arzobispo Edward T. O'Meara, que se centren en crear comunidades acogedoras, solidarias e interconectadas. Por último, tenemos previsto desarrollar actividades específicas para grupos de distintas edades con el fin de promover el servicio vinculado a la participación en la misa y al compañerismo.
María, la primera discípula misionera
Estas reflexiones sobre la misión de la Iglesia, tal como se vive aquí en el centro y el sur de Indiana, nos llevan naturalmente a la Santísima Virgen María que nos inspira y guía mientras buscamos proclamar el Evangelio de la Alegría y vivir la misión de misericordia, esperanza y salvación de su Hijo. María fue la primera discípula misionera; toda su vida la dedicó a cumplir la promesa que hizo cuando el Arcángel Gabriel compartió con ella la vocación única que le había sido dada por Dios Padre a través del poder del Espíritu Santo.
El «sí» de María, en su compromiso de por vida de acompañar a su Hijo, es el modelo que nos esforzamos por seguir como Arquidiócesis. Su cercanía a Jesús nos anima a acercarnos a él a través de ella; su fidelidad a las enseñanzas y al ejemplo de Jesús hacen de María la imagen perfecta de la Iglesia, la Madre de la Misericordia, la Madre de la Santa Esperanza y la Madre de nuestro Salvador.
Como nos recordaba el papa Francisco en su Bula de convocación al Jubileo Ordinario del año 2025:
La esperanza encuentra en la Madre de Dios su testimonio más alto. En ella vemos que la esperanza no es un fútil optimismo, sino un don de gracia en el realismo de la vida. (...) al pie de la cruz, mientras veía a Jesús inocente sufrir y morir, aun atravesada por un dolor desgarrador, repetía su “sí”, sin perder la esperanza y la confianza en el Señor. De ese modo ella cooperaba por nosotros en el cumplimiento de lo que había dicho su Hijo, anunciando que «debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días» (Mc 8,31),y en el tormento de ese dolor ofrecido por amor se convertía en nuestra Madre, Madre de la esperanza (Spes non confundit, n.o 24).
María se encuentra en el corazón de cada parroquia y ministerio arquidiocesano dinámico. Ella es quien nos guía hacia su Divino Hijo a través de la oración y los sacramentos; ella facilita el encuentro con Jesús, que es el verdadero propósito de la «catequesis evangelizadora». María nos muestra cómo responder al llamado del Señor para aprovechar nuestros dones únicos para amar y servir a Jesús en los demás y a través de ellos. Nuestra Madre nos acompaña en nuestros esfuerzos por acercarnos a los demás; nos muestra cómo acoger a los extranjeros e implementar los principios de la doctrina social católica.
Conclusión
Al concluir este proceso de dos años de oración, escucha atenta y planificación colaborativa, encomendamos la siguiente fase de esta iniciativa —la implementación— a la Santísima Virgen María y a los patronos de nuestra Arquidiócesis, san Francisco Javier y la santa madre Teodora Guérin. La implementación de este nuevo plan pastoral se llevará a cabo en todas las parroquias, escuelas y ministerios arquidiocesanos. Nos desafiará a todos a hacer que la Iglesia en el centro y el sur de Indiana esté más plenamente viva en Cristo, mediante el fortalecimiento de nuestra oración y adoración, el encuentro con la persona de Cristo, al ser administradores alegres de los dones de Dios, al discernir el llamado del Señor en nuestras vidas y al acercarnos a los demás y acoger a los extranjeros en nombre de Jesús.
Nuestro Santo Padre, el papa León XIV, nos recuerda que «esperar es dar testimonio de que la tierra puede realmente parecerse al cielo». Que la Bendita Esperanza que aguardamos de manera especial durante este tiempo de Adviento nos llegue ahora, como siempre, en la plenitud de la fe, la esperanza y el amor, y que lo recibamos con gran alegría mientras llevamos a cabo con entusiasmo su voluntad para esta Iglesia local.
Dado en Indianápolis en el Centro Católico Arzobispo Edward T. O’Meara, el 3 de diciembre del año de Nuestro Señor 2025, memorial de san Francisco Javier.
Reverendísimo Charles C. Thompson, D.D., J.C.L.
Arzobispo de Indianápolis