May 29, 2026

Uno en Cristo / Daniel Conway

La no violencia es el camino hacia el florecimiento humano, la única vía hacia la paz duradera

La no violencia como método y como estilo debe caracterizar nuestras decisiones, nuestras relaciones, nuestras acciones. (Papa León XIV, 30 de mayo de 2025)

Durante su primer año de pontificado, el papa León XIV ha hablado de manera constante y apasionada sobre la paz. De hecho, nuestro Santo Padre se ha consolidado como un «apóstol de la no violencia», haciendo hincapié en la no violencia como método y estilo fundamentales para todas las decisiones, relaciones y acciones.

El papa León sostiene que Jesús demostró que la no violencia es el verdadero poder sobre el mal, e insta con frecuencia a los líderes mundiales a abandonar el deseo de dominación y a elegir el diálogo en lugar de las armas.

Sería fácil subestimar la importancia de la insistencia del papa en la paz como el desafío más urgente y esencial al que nos enfrentamos hoy. ¿Acaso no han enseñado todos los papas—especialmente desde la encíclica de St. Juan XXIII “Pacem in Terris” (“Paz en la Tierra”)—que la construcción de la paz es esencial para la búsqueda de la felicidad y el bien común?

Sí, pero el énfasis del papa León en la no violencia como elemento central de todas las decisiones, relaciones y acciones ofrece algunas perspectivas nuevas sobre lo que se necesita para lograr una auténtica “paz en la Tierra.”

Para el papa León, la no violencia no es solo una estrategia de resistencia contra la opresión, sino un modo de vida total, parte integral del testimonio cristiano y el compromiso social. Sostiene que la no violencia es un “verdadero poder sobre el mal” y que la verdadera paz nunca puede imponerse por la fuerza. Con frecuencia, durante los primeros 12 meses de su pontificado, León XIV ha advertido que el mundo se está acostumbrando a la guerra y a la indiferencia, y ha hecho un llamado al rechazo activo de la violencia.

Durante sus mensajes de Pascua de abril de 2026, por ejemplo, el Santo Padre afirmó que del abuso de poder nunca puede surgir el bien y que el Evangelio exige alejarse de lo que él llama “la lógica de la guerra,” que siempre es abusiva. El primer mensaje de Pascua del Papa llama a todas las diócesis católicas de la Iglesia universal a promover “la educación en la no violencia, la mediación en los conflictos locales y los proyectos que transforman el miedo en encuentros.”

El modelo de la no violencia cristiana es, por supuesto, el Cristo crucificado quien, desde el momento en que comenzó su pasión en la agonía del huerto hasta su entrega definitiva en la Cruz, se negó a desobedecer la voluntad de su Padre Celestial.

La aceptación, que es una virtud activa más que una expresión pasiva de debilidad, es lo que Jesús enseñó a sus discípulos (a todos nosotros) con su pasión, muerte y resurrección.

En su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2026, el papa León XIV escribe:

Poco antes de ser arrestado, en un momento de gran intimidad, Jesús dijo a los que estaban con Él: “Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo.” E inmediatamente agrega: “¡No se inquieten ni teman!” (Jn 14:27). La turbación y el temor podían referirse, ciertamente, a la violencia que pronto se abatiría sobre Él. Más profundamente, los Evangelios no esconden que lo que desconcertó a los discípulos fue su respuesta no violenta; un camino al que todos, empezando por Pedro, se opusieron, pero en el cual el Maestro pidió que lo siguieran hasta el final.

El camino de Jesús sigue siendo motivo de turbación y de temor. Y Él repite con firmeza a quien quisiera defenderlo: “Envaina tu espada” (Jn 18:11; cf. Mt 26:52). La paz de Jesús resucitado es desarmada, porque desarmada fue su lucha, dentro de circunstancias históricas, políticas y sociales precisas. Los cristianos, juntos, deben hacerse proféticamente testigos de esta novedad, recordando las tragedias de las que tantas veces se han hecho cómplices.

La paz de Jesús resucitado es siempre no violenta. Bienaventurados aquellos que deciden seguir sus pasos.

El Santo Padre no es ingenuo respecto a las realidades políticas, sociales y económicas que hacen que la guerra parezca inevitable. También es muy consciente de que los conceptos y el lenguaje religiosos se utilizan con demasiada frecuencia para justificar la intervención armada y el dominio de la fuerza. Como señala en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz:

Porque, de hecho, “la mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores,” a esta estrategia hay que oponer el desarrollo de sociedades civiles conscientes, de formas de asociacionismo responsable, de experiencias de participación no violenta, de prácticas de justicia reparadora a pequeña y gran escala.

La no violencia es la única forma de garantizar el florecimiento humano. Es el camino de Jesús y la única manera de alcanzar una paz auténtica y duradera.
 

(Daniel Conway es integrante del comité editorial de The Criterion.)

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