October 7, 2022

Una católica nicaragüense en Indianápolis comparte la historia de generaciones de sufrimiento

(Nota del editor: La mujer entrevistada en este artículo emigró a Estados Unidos para escapar de la creciente represión en su país natal, Nicaragua. Para proteger su identidad y dado que su hijo fue asesinado en ese país por miembros de un grupo paramilitar afiliado al gobierno y que todavía tiene una hija en Nicaragua, en este artículo la llamaremos Lucía.)
 

Por Sean Gallagher

Lucía ha conocido la agitación y los disturbios en su país natal, Nicaragua, desde que era niña, a finales de los años 70, cuando Daniel Ortega y el partido sandinista llegaron al poder.

Su familia se opuso a ellos, y tres de sus hermanos mayores murieron a consecuencia de ello.

“Mi familia sufrió a manos de ellos,” comenta en la entrevista que ofreció a The Criterion, luego de trasladarse a Indianápolis desde Nicaragua en julio.

El gobierno inicial de Ortega, a quien Lucía denomina un “bandido,” llegó a su fin en 1990, pero fue reelegido como presidente en 2006 y ha gobernado desde entonces. La legitimidad de las elecciones que le han mantenido en el cargo ha sido cada vez más cuestionada por los observadores internacionales.

Casi 40 años después de que la familia de Lucía quedara marcada para siempre por el gobierno de Ortega, su violencia volvió a tocarla, esta vez a través de su entonces joven hijo adulto.

En la primavera de 2018, los estudiantes de toda Nicaragua salieron a las calles para protestar contra la corrupción del gobierno y la opresión política. Cientos de estudiantes murieron en la violenta represión de los manifestantes.

En ese momento, el hijo de Lucía ayudaba a un tío que dirigía un programa de radio que se oponía al régimen de Ortega.

Los miembros de una unidad paramilitar afiliada al gobierno rastrearon al tío y al hijo de Lucía. El tío escapó, pero el hijo de Lucía no. Lo mataron a tiros en la calle.

“Mi hijo no provocó nada. Es muy duro y muy difícil,” dice Lucía entre lágrimas. “Dios es quien nos fortalece en los momentos de angustia.”

Le preocupa su hija, que sigue viviendo en Nicaragua con su esposo y sus hijos.

A Lucía también le entristece el sufrimiento de la Iglesia en Nicaragua.

En los últimos meses, el nuncio apostólico y los miembros de las Misioneras de la Caridad han sido expulsados del país; han detenido a sacerdotes, han cerrado emisoras de radio católicas y han prohibido las procesiones religiosas al aire libre.

A principios de agosto, miembros de la policía nacional con equipo antimotines rodearon el domicilio del obispo Rolando Álvarez de Matagalpa, después de que el gobierno lo acusara de fomentar la oposición violenta al régimen de Ortega.

El 19 de agosto, en una redada realizada antes del amanecer, los agentes de policía detuvieron al obispo Álvarez y a los sacerdotes, seminaristas y laicos católicos que vivían con él y los llevaron a Managua, la capital de Nicaragua.

El obispo Álvarez ha permanecido allí bajo arresto domiciliario, mientras que los demás detenidos con él fueron enviados a la prisión de Chipote, conocida por ser un lugar donde se ha torturado a los presos políticos.

“La dureza de corazón de los gobernantes es la razón por la que hacen esto [al obispo Álvarez],” asegura Lucía.

En especial, desea mencionar lo que están sufriendo los sacerdotes de Nicaragua:

“Están persiguiendo a los sacerdotes, que son instrumentos de Dios,” comenta. “No están haciendo nada. Tengo que contar su historia.”

A pesar del sufrimiento que Lucía, su familia y la Iglesia en Nicaragua han experimentado, se ha mantenido cerca de Cristo.

“Él ayuda a sanar nuestros corazones, y nos da corazones que perdonan,” afirma Lucía, señalando que ha perdonado a los hombres que mataron a su hijo.

“Me encantaría volver a Nicaragua para estar con mi familia. Ahora estoy en el camino que Dios me tiene preparado. La persecución allí es terrible, y me preocupa que mi familia siga allí. Temo por ellos.”

Lucía dijo que los católicos de la Arquidiócesis y de fuera de ella deben informarse de lo que está ocurriendo en Nicaragua y elevarlos en oración ante Dios.

“Hay muchas cosas que necesita la gente de Nicaragua,” afirma. “Y, por supuesto, las oraciones son lo más importante. Rezar para que el enemigo no sea capaz de meter el odio en el corazón de más personas, para que dejen de causar daño porque allí están causando un daño tremendo a la humanidad.” †

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