February 18, 2022

El rostro de la misericordia / Daniel Conway

Dejemos que san José nos inspire con su elocuente silencio

“Muchas veces hoy es necesario el silencio. El silencio es importante.”
—Papa Francisco, en su audiencia general semanal del 15 de diciembre de 2021

El Año de san José que nuestra Iglesia celebró en 2021 finalizó calladamente en medio del ruido y la confusión de un mundo inundado de preocupaciones de salud, crisis económicas e intrigas políticas. Por supuesto, esta es precisamente la razón por la que necesitamos a san José: para que sea un ancla silenciosa, pero sólida como una roca, en las “tormentas perfectas” que la vida nos presenta.

En su discurso de la audiencia general del 15 de diciembre de 2021, el Papa Francisco ofreció una catequesis sobre el silencio de san José. El Papa señaló que: “El silencio de José no es mutismo; es un silencio lleno de escucha, un silencio trabajador, un silencio que hace emerger su gran interioridad.”

El silencio de José no es pasivo ni desprendido sino un silencio laborioso, trabajador. Y la gran interioridad que el Papa Francisco atribuye a san José es su santidad o espiritualidad. Es la razón por la cual puede estar tranquilo en los momentos difíciles y siempre atento a la voluntad de Dios para él y para su familia.

“Muchas veces hoy es necesario el silencio,” dice el Santo Padre. “El silencio es importante, a mí me conmueve un versículo del Libro de la Sabiduría que fue leído pensando en la Navidad y dice: ‘Cuando la noche estaba en el silencio más profundo, ahí tu palabra bajó a la tierra’ [Sb 18:14-15]. En el momento de más silencio Dios se manifestó. Es importante pensar en el silencio en esta época en la que parece no tenga tanto valor.”

La nuestra no es una época reflexiva ni contemplativa. Estamos rodeados (y sobreestimulados) desde la mañana hasta la noche por palabras, música e imágenes. Rara vez nos detenemos lo suficiente para acoger lo que el Papa Francisco llama “un silencio lleno de escucha.”

San José es el único personaje importante del Nuevo Testamento que nunca habla. “Los Evangelios no relatan ninguna palabra de José de Nazaret, nada, no habló nunca,” afirma el Papa. “Eso no significa que fuera taciturno, no, hay un motivo más profundo. Con su silencio, José confirma lo que escribe san Agustín: ‘Cuando el Verbo de Dios crece, las palabras del hombre disminuyen.’ En la medida en que Jesús—la vida espiritual—crece, las palabras disminuyen.”

A José se le dio la misión absolutamente única de servir como guardián de nuestro Redentor. Al principio, se preocupó por lo que no entendía, pero después de recibir el mensaje de Dios que le trajo un ángel en un sueño, aceptó esta impresionante responsabilidad con valor, sabiduría y paz.

En la medida en que la presencia de Jesús crece en nosotros, nuestras propias palabras deben disminuir. El Santo Padre dice que nuestro discurso, a menudo intrascendente—“esto que podemos definir como el “papagayismo,” hablar como papagayos, continuamente—, debería dejar de ser una necesidad. “Esto quiere decir que Él debe hablar y yo estar callado y José con su silencio nos invita a dejar espacio a la Presencia de la Palabra hecha carne, a Jesús.”

Jesús creció en un hogar que atesoraba tanto la Palabra de Dios, la Sagrada Escritura, como el silencio de Dios, la oración contemplativa. Por eso, nos dice el Papa Francisco: “no sorprende el hecho de que Él mismo busque espacios de silencio en sus jornadas [Mt 14:23] e invite a sus discípulos a hacer tal experiencia, por ejemplo: ‘Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco’ [Mc 6:31].” La sabiduría, la paz y la rectitud rara vez se encuentran en una charla sin sentido o en ruidos que distraen. Son los frutos del silencio.

El Papa Francisco expresa su deseo de un mundo más tranquilo y reflexivo. “Qué bonito sería si cada uno de nosotros, siguiendo el ejemplo de san José, lograra recuperar esta dimensión contemplativa de la vida abierta de par en par precisamente por el silencio,” comenta el Sumo Pontífice. “Pero todos sabemos por experiencia que no es fácil: el silencio nos asusta un poco, porque nos pide entrar dentro de nosotros mismos y encontrar la parte más verdadera de nosotros.”

El ruido y el parloteo nos distraen de las verdades que preferiríamos no afrontar. “Mucha gente tiene miedo del silencio, debe hablar, hablar, hablar o escuchar, radio, televisión …, pero el silencio no puede aceptarlo porque tiene miedo,” nos enseña el Santo Padre. “El filósofo Pascal observaba que “toda la desgracia de los hombres viene de una sola cosa: el no saber quedarse tranquilos en una habitación.”

Estar en silencio quizá resulte incómodo, pero es esencial para nuestra salud mental y espiritual. Pidámosle a san José que nos inspire con sus palabras y su ejemplo.
 

(Daniel Conway es integrante del comité editorial de The Criterion.)

Local site Links: