Uno en Cristo / Daniel Conway
El desarme es necesario para lograr la paz
En su primer Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, emitido el 1 de enero, el papa León XIV cita la encíclica de 1963 del papa san Juan XXIII, “Pacem in Terris” (Paz en la Tierra), sobre la importancia del desarme.
El papa León comparte la convicción de su predecesor de que rodearnos de armas de destrucción masiva no es un camino eficaz para construir ni mantener una paz auténtica.
El papa Juan escribe:
Todos deben, sin embargo, convencerse que ni el cese en la carrera de armamentos, ni la reducción de las armas, ni, lo que es fundamental, el desarme general son posibles si este desarme no es absolutamente completo y llega hasta las mismas conciencias; es decir, si no se esfuerzan todos por colaborar cordial y sinceramente en eliminar de los corazones el temor y la angustiosa perspectiva de la guerra. Esto, a su vez, requiere que esa norma suprema que hoy se sigue para mantener la paz se sustituya por otra completamente distinta, en virtud de la cual se reconozca que una paz internacional verdadera y constante no puede apoyarse en el equilibrio de las fuerzas militares, sino únicamente en la confianza recíproca. (#113)
La paz de Cristo no se alcanza por la fuerza. La Encarnación—la decisión de Dios de hacerse carne y convertirse en uno con nosotros—contradice nuestras nociones habituales de poder.
Tal como nos lo explica el papa León: “El misterio de la Encarnación, que tiene su punto de mayor abajamiento en el descenso a los infiernos, comienza en el vientre de una joven madre y se manifiesta en el pesebre de Belén.”
El Hijo de Dios viene sin armamento para instaurar la paz en la Tierra. Se presenta totalmente indefenso, como un niño que ni siquiera puede valerse por sí mismo, y sin embargo es proclamado por una hueste de ángeles como el Príncipe de la Paz. Toda su vida es testimonio de que la no violencia y la renuncia a la fuerza bruta, son el único camino para construir una paz duradera.
El papa León cita la encíclica “Fratelli Tutti,” inspirada en san Francisco de Asís, verdadero artífice de la paz y modelo de todo lo necesario para edificar una paz perdurable.
En aquel mundo plagado de torreones de vigilancia y de murallas protectoras, las ciudades vivían guerras sangrientas entre familias poderosas, al mismo tiempo que crecían las zonas miserables de las periferias excluidas. Allí Francisco acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos. (#4)
“Es una historia que quiere continuar en nosotros, y que requiere que unamos esfuerzos para contribuir recíprocamente a una paz desarmante, una paz que nace de la apertura y de la humildad evangélica.”
Una paz nacida de la humildad no puede alcanzarse acumulando
armas nucleares. Exige el desarme.
San Juan XXIII dice:
Que en las asambleas más previsoras y autorizadas se examine a fondo la manera de lograr que las relaciones internacionales se ajusten en todo el mundo a un equilibrio más humano, o sea a un equilibrio fundado en la confianza recíproca, la sinceridad en los pactos y el cumplimiento de las condiciones acordadas. Examínese el problema en toda su amplitud, de forma que pueda lograrse un punto de arranque sólido para iniciar una serie de tratados amistosos, firmes y fecundos. (#118)
Tomarse la paz en serio implica renunciar a la necesidad de rodearnos de lo familiar y cómodo; significa abrirnos a nuevas ideas y a otros puntos de vista.
En palabras del papa León: “Es el camino desarmante de la diplomacia, de la mediación, del derecho internacional, tristemente desmentido por las cada vez más frecuentes violaciones de acuerdos alcanzados con gran esfuerzo, en un contexto que requeriría no la deslegitimación, sino más bien el reforzamiento de las instituciones supranacionales.”
Hace más de 60 años, el papa Juan nos recordó que la paz verdadera y duradera no se basa en la posesión de un armamento equivalente, sino únicamente en la confianza mutua.
El papa León añade que: “Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino. Aunque sea combatida dentro y fuera de nosotros, como una pequeña llama amenazada por la tormenta, cuidémosla sin olvidar los nombres y las historias de quienes nos han dado testimonio de ella.”
El desarme es indispensable para alcanzar una paz duradera. “Incluso en los lugares donde sólo quedan escombros y donde la desesperación parece inevitable hoy encontramos a quienes no han olvidado la paz,” asegura nuestro Santo Padre.
Que todos trabajemos juntos para construir una paz auténtica en nuestro mundo de hoy.
(Daniel Conway es integrante del comité editorial de The Criterion.) †