El papa León XIV ante los signos de los tiempos
Declaración del arzobispo Charles C. Thompson
El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) nos ofrece mucho en qué pensar sobre el estallido de guerras dentro de las naciones y entre ellas.
Basándose en diversos documentos y recursos de la Iglesia, especialmente en Gaudium et Spes, la «Constitución pastoral de la Iglesia en el mundo actual» del Concilio Vaticano II, publicada el 7 de diciembre de 1965, el Catecismo señala que la paz es «algo más que la mera ausencia de guerra».
También señala la necesidad de abordar las causas profundas de la guerra, la violencia y otras perturbaciones del orden social, entre ellas:
- las injusticias;
- las desigualdades excesivas de orden económico y social;
- la envidia, la desconfianza y el orgullo que reinan entre los hombres y las naciones amenazan sin cesar la paz y causan las guerras.
«Todo lo que se hace para superar estos desórdenes contribuye a edificar la paz y evitar la guerra» (CIC, n.o 2317).
Para superar estos trastornos hay que abordar diversos tipos de egos, personalidades e ideologías que contribuyen a la polarización cada vez más profunda de prácticamente todas las facetas de las relaciones humanas.
Basándose en las Sagradas Escrituras y en las enseñanzas católicas tradicionales, el papa León XIV ha insistido en la necesidad de una reflexión, un diálogo, un discernimiento y una acción auténticos para abordar los signos de nuestro tiempo, especialmente en lo que respecta a la moral y la ética de la conducta agresiva hacia los demás. Aunque son los pobres, los vulnerables y los inocentes quienes más sufren la guerra, pocos, si es que alguno, salen realmente beneficiados. Entendida correctamente, la religión puede servir como la conciencia moral de la sociedad. Al mismo tiempo, despertar, estimular o sacudir la conciencia a veces puede provocar reacciones hostiles.
Nuestro Santo Padre, el papa León, ha dejado claro que su responsabilidad como pastor de almas es proclamar el Evangelio, en lugar de presentarse como político. Sin embargo, sus declaraciones y acciones pueden parecer una amenaza para quienes buscan justificar actos de violencia, guerras injustas y comportamientos indiscriminados con fines poco honrados. Al llegar a Argel, Argelia, para su reciente viaje papal a África, el papa León comentó: «Dios desea la paz para cada nación: una paz que no sea meramente ausencia de conflicto, sino expresión de justicia y dignidad».
En su declaración del 13 de abril de 2026, el arzobispo Paul Coakley de Oklahoma City, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, reaccionó a los comentarios negativos que hizo el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, sobre el papa León XIV: «Me entristece que el presidente haya decidido escribir palabras tan despectivas sobre el Santo Padre —dijo el arzobispo Coakley—. El papa León no es su rival; ni el papa es un político. Es el Vicario de Cristo que habla desde la verdad del Evangelio y por el cuidado de las almas».
El cardenal Joseph Tobin de Newark, Nueva Jersey, mi muy recordado predecesor aquí en la Arquidiócesis de Indianápolis, hizo la siguiente declaración:
En respuesta a los recientes acontecimientos, reafirmo que el papa León está al servicio de una autoridad superior y desea proclamar fielmente el Evangelio y promover la misión pacífica de la Iglesia en un mundo profundamente necesitado de sanación. Seguirá hablando con claridad contra la guerra y otras ofensas contra la dignidad humana, y llamando a un diálogo auténtico, porque el testimonio de la Iglesia se basa en la paz de Cristo, no en intereses partidistas. (Arquidiócesis de Newark, 13 de abril de 2026) El cardenal Tobin continuó subrayando que las críticas del presidente estadounidense «transmiten un grave malentendido del ministerio del Santo Padre y una preocupante falta de respeto hacia la fe de millones de personas».
Como queda claramente reflejado en Gaudium et Spes, los Padres del Concilio Vaticano II estaban muy preocupados por la escalada de guerras dentro de las naciones y entre ellas. Conscientes del peligro del egoísmo y de los diversos problemas señalados en el Catecismo, hicieron un llamado a la creación de organizaciones internacionales para promover la paz, el diálogo, la justicia auténtica y el uso legítimo de la fuerza, así como la defensa, la resolución de conflictos y la reconciliación.
Además de una conciencia bien formada y un entendimiento informado, todos necesitamos mecanismos de control mutuo y equilibrio que nos ayuden a mantener un orden social basado en la verdad, la belleza y la bondad auténticas. A veces, necesitamos que nos recuerden que el ejercicio de la libertad individual nunca debe ir en detrimento del bien común.
La Iglesia católica ha tenido la bendición de contar con algunos papas maravillosos a lo largo de su larga historia, incluyendo a los papas que han servido durante mi vida. Nuestra fe católica sostiene que el Espíritu Santo guía la elección de un papa.
Creo firmemente que este fue el caso al elegir al papa León XIV. Aunque pocos lo esperaban —apenas se atrevían a pensar que alguien nacido en Estados Unidos pudiera ser elegido Sumo Pontífice—, los cardenales sin duda sabían lo que hacían. ¡Al menos, dejaron que el Espíritu Santo los hiciera lucir muy bien! El papa León no nos ha decepcionado. Es un hombre humilde y modesto que también es de profunda espiritualidad, gran intelecto, decisiones mesuradas, perspicacia aguda, valor inquebrantable y profundo discernimiento. Es la persona indicada para abordar los signos de nuestros tiempos.
Al igual que san Juan Bautista, el papa León tiene claro quién es y quién no es. Como él mismo dice, su tarea es proclamar a todos el mensaje del Evangelio que Jesucristo le ha encomendado a la Iglesia. Negándose a doblegarse ante cualquier ego, personalidad, ideología o régimen mundano, el Santo Padre se mantiene centrado en Cristo. Los invito a unirse a mí en oración por el papa León XIV, con estima, solidaridad y respeto.
+Charles C. Thompson
Arzobispo de Indianápolis