Uno en Cristo / Daniel Conway
Proclamemos la fe como una sola voz unida en Cristo
La unidad es un tema constante en la enseñanza y la predicación del papa León XIV. Su lema papal, In illo uno unum (En el único Cristo somos uno), está tomado del comentario de san Agustín al Salmo 127, y pone de relieve el hecho de que, aunque los cristianos somos muchos, estamos unidos como un solo cuerpo en la persona de Jesucristo nuestro Señor.
La unidad no se consigue únicamente con el esfuerzo humano; de hecho, incluso nuestros mejores esfuerzos a menudo desembocan en separación y división, en lugar de unidad. Para conseguir unir a las personas y mantener la armonía y la paz entre culturas y puntos de vista diversos, debemos dejar de lado nuestro egoísmo y permitir que la gracia de Dios intervenga en nuestras vidas y cure nuestros quebrantos.
San Pablo es la figura del Nuevo Testamento que mejor ejemplifica el paso del afán de división a la capacidad de unir y reconciliar comunidades desgarradas por facciones y lealtades enfrentadas. Como observó el papa León en su homilía de la solemnidad de la Conversión de San Pablo Apóstol, el 25 de enero:
En uno de los pasajes bíblicos [...] el apóstol Pablo se define como “el último de los Apóstoles” [1 Co 15:9]. Se considera indigno de este título, porque en el pasado fue perseguidor de la Iglesia de Dios. Sin embargo, no es prisionero de ese pasado, sino más bien “preso por el Señor” (Ef 4:1). Por la gracia de Dios, de hecho, conoció al Señor Jesús Resucitado, que se reveló a Pedro, luego a los Apóstoles y a cientos de otros seguidores del Camino, y finalmente también a él, un perseguidor (cf. 1 Co 15:3-8).
El hombre que era conocido como Saulo antes de su conversión era un hombre impulsivo. Su celo desmedido pretendía dispersar y dividir a sus enemigos, pero el Señor Resucitado intervino. Como dice el Santo Padre: “Por la gracia de Dios, aquel que una vez persiguió a Jesús se transformó por completo y se convirtió en su testigo. Aquel que combatía con ferocidad el nombre de Cristo, ahora predica su amor con ardiente celo.”
Esta transformación radical de perseguidor (alguien que divide) en discípulo misionero (alguien llamado a unir a las personas que siguen a Jesús) es esencial para lograr la verdadera unidad. “Se nos recuerda”—afirma el Santo Padre—“que su misión es también la misión de todos los cristianos de hoy: anunciar a Cristo e invitar a todos a confiar en Él.”
Nuestra misión como discípulos de Jesús es unificar por la gracia de Dios lo que Satanás se empeña incansablemente en dividir. Como nos enseña el Papa: ‘Cada encuentro verdadero con el Señor es, en efecto, un momento transformador, que concede una nueva visión y una nueva dirección para llevar a cabo la tarea de edificar el Cuerpo de Cristo [cf. Ef 4:12].”
Según el papa León, todos los cristianos tenemos la tarea compartida de decir con humildad y alegría al mundo: “¡Miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela!.” (Homilía del inicio del Ministerio Petrino del Obispo de Roma León XIV, 18 de mayo de 2025).
El Señor nos invita a renovar nuestro compromiso con la gran misión unificadora que hemos recibido de Cristo, “conscientes de que las divisiones entre nosotros, si bien no impiden que brille la luz de Cristo, hacen, sin embargo, más opaco aquel rostro que debe reflejarla sobre el mundo.”
En su Carta a los Efesios (cf. Ef 4:4-6), san Pablo utiliza repetidamente el calificativo “uno.” Nos dice que somos un solo cuerpo, un solo Espíritu, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios. Por tanto, nuestro Santo Padre nos pregunta:
¿Cómo podrían no conmovernos profundamente? ¿Cómo puede nuestro corazón no arder ante su impacto? Sí, «compartimos de hecho la fe en el único y sólo Dios, Padre de todos los hombres, confesamos juntos al único Señor y verdadero Hijo de Dios Jesucristo y al único Espíritu Santo, que nos inspira y nos impulsa a la plena unidad y al testimonio común del Evangelio (Carta ap. In unitate fidei, #12, 23 de noviembre de 2025). ¡Somos uno! ¡Ya lo somos! ¡Reconozcámoslo, experimentémoslo, manifestémoslo!
En palabras del papa León: ¡Que también hoy el Espíritu Santo halle en nosotros una inteligencia dócil para comunicar con una sola voz la fe a los hombres y mujeres de nuestro tiempo!
(Daniel Conway es integrante del comité editorial de The Criterion.) †